Powered By Blogger

jueves, 21 de octubre de 2010

Planeando el asesinato.

Estaba pensando en hacerlo. Tenia todas las armas enfrente de ella. Utilizaría una perfecta y eficiente K-62-3, una inimaginable navaja o requerir matarlo levemente sin dejar sufrimiento; pero mientas pensaba en eso puso un poco de arsénico en una taza de café y se la dio a probar.

domingo, 12 de septiembre de 2010

A pesar de todo, aún amantes.



"Te extraño. Cómo te necesito. Cómo quiero vernos para decirnos todo y no decirnos nada. Comernos con los ojos y mirarnos con los labios. Sentir tu aire y respirar tu piel. Cómo tengo ganas de taparme con tu calor y abrazar tu cuerpo." Esas palabras escritas por èl, venian una y otra vez en la cabeza de Anne. Esas palabras la habían hecho sufrir como a nada, eran como cuchillos de doble filo; le mostraban una tierna promesa y a la vez jugaba con sus sentimientos. Era tarde, pero ya tenia recapitulada su posible intención.
-Nadie puede acuchillar entre líneas  o ¿si?-le decia mientras respiraba acompasada. La navaja se encontraba en su cuello, casi en su yugular.
- No sè de que hablas- respondió él con indiferencia.Después desvió la navaja fuera de su cuello, acerco sus labios a los de ella y sonriendo sarcásticamente susurro:
-Al fin estamos juntos, ¿unas últimas palabras, querida?- luego se alejo rápidamente de ella y empezó a desgarrar con la navaja el bello suéter blanco de cuello de tortuga de la joven.  Anne no grito, se quedo viéndolo fijamente mientras que Damian acariciaba la curvatura de sus pechos desnudos y sangrantes por las cortadas.
-¿Harás eso todo el tiempo o me vas a matar?- le pregunto Anne con indiferencia.
- ¿No tienes miedo a que lo haga? Sabes que no lo haría si no quisieras. Me resulta increíble que a pesar de todo te siga amando con la misma intensidad que cuando te conocí.-  Lo dijo con seriedad, dejando caer despacio ambas manos de los pechos de Anne.
-Siempre has sido así, exactamente así. Un cobarde que no se limita ser él mismo con sus sentimientos. Mientes cada vez, y ahora no es la excepción- hablaba dando unos cuantos pasos alrededor de él, como juzgándolo.
Sonriendo de nuevo Damian  agacho la cabeza y dejando salir una media carcajada le arremetió diciéndole:
-Me conoces lo suficiente bien, cariño. Sabes que me divierte jugar a fingir sentimientos que no siento y no voy a sentir nunca. Tú eres, cómo decirlo…;como un juguete el cual me gusta usar cuando estoy aburrido.- le decía mientras movía su largo cabello negro.
-Es eso, ¿la verdad? y Nicole ¿qué? Ahora que estás con ella, no quieres saber nada de mí  y por eso me dices esto ¿Qué no?- reclamaba con sumo aire de fastidio.
-¡Cállate! No menciones a Nicole más. Sí, me case con ella y eso ¿qué? Puedo estar con quien quiera cuando quiera, eso no me priva de no hacerlo. Además, tú ya me cansaste, ¿sabes?...Siempre con tu paranoia.- hablaba gritando; en verdad estaba cansado de lo mismo, siempre.
Tranquilamente  e ignorando lo que le decía, ella susurro:
-Dame tu saco, ¿quieres? Tengo frío. Damian se quitó el saco y se lo dio. Anne no dijo nada y terminando de acomodárselo se fue directo al Crossfox rojo 4x4 que estaba estacionado cerca de ellos. Abrió la puerta y se metió  a la camioneta, luego se quedo quieta mirando fijamente el paisaje de esa tarde fría.
Damian comprendió su berrinche: “de nueva cuenta lo mismo. Si supieras que me encanta verte así, como estás ahora. Pero no puedo decírtelo, aún no. No estoy listo.”  Manteniendo la mirada hacia la camioneta, observo a Anne y hubiera seguido así  si no le hubiera caído una gota de agua en la mica de sus lentes. Tomando las llaves del bolsillo de su pantalón  se dirigió a la camioneta a paso rápido. Arrancó la camioneta y se fueron a un hotel de paso, sin mencionar ninguno una sola palabra en el trascurso de la carretera.





martes, 31 de agosto de 2010

La hora de las muñecas.

Hace mucho tiempo este pasatiempo era lo único que me mantenía conectada con un mundo diferente; ese mundo donde sólo me encontraba yo misma. Las muñecas tenían vida, cada una de ellas tenia una personalidad que sobresalía. Era por eso, que cada una tenia un trato especial de mi parte. ¡Vaya!… cada una tenia su nombre inigualable.
Jugar con ellas significaba vivir anécdotas graciosas, emocionantes, y a la vez tan cotidianas. Cada día surgía algo nuevo. Iba creando un diario mental con ellas. Eran mis mejores amigas, mis cómplices. Dormía con cada una, cada noche y las mantenía al tanto de lo que me ocurría  en mi día. Aunque nunca tuve la casa de muñecas y supe adecuar un librero para eso, nunca me privo para imaginarlo como una mansión, por eso, dada mi imaginación, duraba horas y horas jugando. Nunca me aburría, aún cuando mi madre me regañara a veces por no hacer caso.
            Toda mi niñez fue estar con muñecas, hasta los trece años. Pero, después de la graduación de la secundaria, jamás volvía a verlas, debido a una mudanza de hogar. Me preguntan ¿sí las extraño?, Cómo no extrañarlas, era mi forma de expresión, mi voz. Con ellas podía decir y hacer cualquier cosa, como si hubieran sido una extensión de mí; mi refugio y consuelo a la vez. Y sí, las extraño tanto. Desearía tenerlas de nuevo, aunque sólo las tuviera como un recuerdo de mi niñez solitaria.
       Mis muñecas, las queridas. Las siempre queridas.


domingo, 15 de agosto de 2010

Nostalgia

Sin duda la nostalgia te consume, te ciega, te domina.
Te destruye recordar lo que nunca se pudo ser,
lo que nunca se pudo lograr. 
Mirar lo que ves, actualmente; 
En lo que te has convertido.
En la manera en que ya no puedes dar vuelta atrás, 
Porque lo que no se pudo hacer hace tantos años,
No volverá a ocurrir aunque lo desees  con desesperación.

viernes, 13 de agosto de 2010

Melancolía

Melancólico sufrimiento
melancólico camino,
triste será mi pensamiento
y triste será mi destino.
No, nada es cierto
duerme, déjate llevar por tu tristeza
sueña con senderos de serenidad.
Deja pasar, destroza, destroza,
que al final, todo será tranquilidad.

Nosotras, chica, seres banales sin sonrisa.

¿Dónde quedo, chica, alguna vez, la sonrisa que dibujaba nuestros labios?¿A dónde se ha ido? Todo tenemos, es imposible que se halla borrado de nuestros bellos y perfectos rostros. Haremos lo imposible entonces; dibujaremos eso que se nos fue de nuestras vidas. Dibujaremos sonrisas a nuestro rostro, aunque sean pintadas. Pero...¡Por Dios!, dibujamos y dibujamos, pero nunca se dejara una sonrisa. ¿Por qué?, ¿por qué es esto?Te diré yo, hermana mía, nos destrozaron nuestra esencia, nuestra dignidad, nuestra felicidad. Somos meras sombras del encierro de la perfección inexpresiva. 

jueves, 12 de agosto de 2010

Lorelai, la ninfa del río Rhin



"Murmullos y más murmullos, ¿en dónde se escuchan?" se preguntaba el navegante Huilzar mientras cruzaba por el ancho y bello río Rhin. El barco seguía tranquilo bajo unas inmensas nubes que cubrían en su plenitud el cielo;pareciendo que en cualquier momento estallaría una tormenta, pero no fue así.
Atravesando todavía el río, escucho de nuevo esos susurros cada vez más cerca. "Sin duda son cantos, lo parecen y son tan hermosos" decía para sí el joven Huilzar. De pronto, muy a lo lejos pudo apreciar una enorme roca y cuando el barco se había acercado un poco más, Huilzar dejo escapar tiernamente un suspiro. Estaba ahí, justo ahí, un bello ser; una encantadora y preciosa mujer de cabellos largos y rubios que lo miraba fijamente mientras cantaba sentada en la orilla de aquella roca. "Dime, ¿quién eres, mi bella dama?...¿por qué estás aquí, sola?" embobadamente le preguntaba pero ella no decía ni le contestaba absolutamente nada, sólo cantaba y seguía viéndolo con esa incesante mirada a los ojos.
Huilzar se lanzo precipitadamente al río, quería llegar a donde ella se encontraba; quizás así la convencería de decirle su nombre y llevarla consigo para hacerla su esposa. Pero no hubiera pensado en ello; pues al haberse lanzado ya se encontraba en lo más profundo del río y nunca mas salió.
Dicen que fue la bella mujer que lo dejo en un trance mientras cantaba con su fascinante voz; pues cuando el navegante se arrojo al río, ésta dejo de cantar y parpadeando de nuevo, tomo una peineta de coral y cantando otra vez, se peinaba constantemente la larga cabellera dorada como si no hubiera ocurrido nada en absoluto.